sábado, 22 de junio de 2019

Volviendo al Ruedo en Bruto

Después de sobrevivir a mi tesis, hacer práctica y conseguir trabajo, volví al ruedo. Hace unos días un viejo amigo me convenció, pues él extrañaba este espacio al igual que yo. Como Diego me alcahuetea todo, no lo dudamos y nos fuimos!
Era viernes y teníamos hambre, estábamos mamados de una larga semana y después de no coincidir en qué tipo de comida queríamos decidimos que un sitio con ambiente parchado sería ideal. Me acordé de Bruto y allá fuimos a dar. Como es costumbre no teníamos reserva, el único espacio que quedaba era en la barra y ahí nos sentamos. Nos atendió un bartender muy amable y cero lambón. Eso es lo chévere de los bartenders, tienen swing, son auténticos y se gozan su trabajo; además no recomiendan comida por precio sino por sabor. Después de pedir 5 entradas y un trago para cada uno, acordamos que las barras son el mejor lugar de un restaurante. 

Bruto es un lugar que tiene un balance entre lo tranquilo, lo chilleado y la sabrosura. El lugar tiene luces tenues y cálidas, sus paredes son de ladrillo y los fines de semana hay música en vivo. Acompañada de una copa de vino rosé (Les Jolies Filles) me divertí con el lugar, me relajé, me antojé de los platos de las mesas del lado y me gocé la música de la noche. Si les gusta un vino ligero y afrutado este es el de ustedes, me encantó. Diego pidió un moscow mule que estaba súper refrescante. 

Las croquetas no tardaron en llegar. Hacía mucho tiempo no me comía unas taaaaaan bien hechas. Estas eran de pulpo y tenían un balance perfecto entre la crocancia de la croqueta y su cremosidad interior. Vinieron acompañadas de una salsa roja con un toque de picante y con un ligero sabor a pimentón que le quedaba muy bien. No había sabor mariscoso en estos bocaditos, estaban tan ricos que sin  la salsa se disfrutaban igual de bien. Me sentí transportada a España y seguro cuando vuelva las pediré nuevamente.
Al momento nos llegaron los camarones Orly, se los vimos a la pareja del lado nuestro y decidimos copiarles. No fue una buena decisión. Estaban ricos pero meh, no repito. Visualmente se veían increíbles, grandes y con una salsa prometedora. Ya en el paladar saboreabas mucha masa y una salsa desbalanceada con un sabor preponderante a sour cream. Hay que resaltar la perfecta ejecución de la cocción, sin embargo estaban sosos, no había un sabor increíble. Esta entrada es muy plana y no la recomiendo.

Como si nos hubieran cronometrado, apenas acabamos los camarones llegaron las albóndigas. Venían en una salsa roja de tomates con unas papitas muy ricas. Estas bolitas estaban muy gustosas y armadas de tal forma que se deshacían en la boca y no en el tenedor. Las papas estaban en su punto ni muy blandas pero tampoco crudas. Si bien el plato no tiene ninguna queja te lo comes igual de rico en otro lado, no es algo por lo cual volvería al lugar. 

Ya con la barriga medio llena, nos llegó un platadón de  risotto de hongos. Estaba muy rico, suave y cremoso; quizá muy grande para ser una entrada para dos personas (si van en combo grande porfa pídanlo) aún así lo acabamos. Venía decorado con unos portobellos con un toque ahumado que estaban mil veces más ricos que el mismo arroz, juzguen ustedes si esto es un punto a favor o en contra. 


Para terminar, uno de mis infaltables de Bruto: la Fideuá. Un plato visualmente engañosos puesto que se ve enano y llena más de lo que se cree. Siempre me pasa la misma cuando lo pido, no sé si no aprendo porque es tan rico que me hago la de la vista gorda. En la parte superior de esta entrada los fideos vienen crujientes y los mariscos están bañados con aioli. Al mezclar todo en el plato logras apreciar un sabor sutil a marisco, nada invasivo y muy bien logrado. El punto de cocción de los frutos de mar estaba impecable, cero chicludos. Si van, no dejen de pedir este plato porque realmente vale la pena. Como no nos cupo el postre, se los quedo debiendo. 


martes, 10 de mayo de 2016

El arroz caldoso de mis sueños

Hace unos meses fui a Harry's Bar, sabía que era un buen restaurante y que alguna vez había ido pero no me acordaba de nada. Al leer la carta me costó mucho decidir qué quería, al final me fui por el arroz caldoso con mero. En la mesa pedimos para compartir unos gnocchis al gorgonzola para compartir y como últimamente ando enamorada de la limonada hecha en agua con gas esa fue mi elección. Esto se los cuento porque la semana pasada no pude parar de pensar en ese arroz y en los gnocchis, quería volver a comerme todo eso. Pues bueno, el viernes en la noche Diego y yo nos fuimos a Harry's Bar porque si no me comía ese arroz o esos gnocchis, me desbarataba. 

El caso es que yo venía de la universidad, después de 12 horas  y media de trabajarle a mi tesis y solo pensaba en comida, de hecho no pude almorzar y venía trinando del hambre. Me encontré con Diego, afortunadamente él ya había llegado y había pan y queso en la mesa. Literalmente pan y queso, una cosa de locos, un mozzarella de búfala muy fresca con un chorrito de aceite de oliva de un gusto impresionante. El pan estaba caliente y había dos tipos, uno como dulzón que no me gustó tanto y el otro era más bien como ciabatta. Después de comerme casi todo el pan y dos tercios del queso, ya sabía qué quería pedir. Los gnocchis quedaron en el recuerdo para otra ocasión, estaba muy segura de querer mi arroz caldoso de azafrán y mero. Bueno, pero ¿por qué no pedir los dos platos? les cuento que si no van a Harry's con un grupo grande de gente, un solo plato es suficiente. Los gnocchis se supone que son un acompañamiento, y puede que lo sean, pero para una tropa. Eso de entrada para 2 como que no. Además, el arroz no se queda atrás, es tan grande y lleno de sabor que en mi caso alcanzó y sobró para llenar el hambre que tenía. 

Pedí mi arroz caldoso y mi limonada hecha en agua con gas. Mientras esperábamos empezamos a detallar el restaurante y su ambiente. Realmente el sitio no es nada especial, el piso es lindo como en cuadros de diferentes mármoles y el lugar está rodeado de plantas. Pero como el techo es tan alto, a mi gusto, el sitio pierde calidez. No sé por qué pero me pareció un lugar sin ambiente, sin música donde solo se escucha los murmullos de la mesa del lado. Así que nos entretuvimos observando a la gente y en esas vimos que estaba Víctor Mallarino comiendo en otra mesa.

Arroz caldoso de azafrán y mero.
 Foto tomada de Degusta.com.co
Cuando llegó mi arroz me puse muy feliz, era tal y cual como lo recordaba, un bowl enorme lleno de arroz sopudo y con poco mero. Sí, la proteína es poca, no sé si porque hay muchísimo arroz o porque de verdad son tacaños con el pescado. La verdad no me importa porque el plato es de arroz con mero y no de mero con arroz... y bueno el sabor es lo que valía para mi en ese momento. Les debo decir que el plato es caro, a pesar de que es una montaña enorme de arroz y usted va a quedar súper lleno y el plato no va a estar vacío, es caro porque es solo arroz y un poco de pescado. ¿Que es de Harry's Bar? sí, para qué va allá si sabe que es caro. Yo decidí ir porque me soñé toda la semana con esa delicia de arroz y es que vale totalmente la pela. El arroz no estaba blando pero tampoco crudo, y ese punto de cocción me parece delicioso en el arroz, porque amigos hacer arroz no es fácil. Como es arroz caldoso, venía todo sopudito con un sabor muy particular, ni muy pacífico ni muy caribeño, es un sabor suave de marisco que genera recordación. También tenía trocitos de pimentón y lo mejor de esto es que daba un sabor sutil pero no opacaba ningún ingrediente. Claramente el azafrán le da un toque muy rico y el pescado ni se diga, suave, delicioso y combinaba muy bien. El plato era tan grande que no me lo pude acabar, sobró un poco de arroz y eso que no almorcé. 

Si lo va a pedir, primero asegúrese de comerse el pescado y luego si que sobre arroz! Lo recomiendo a ojos cerrados, me fascina y me seguirá encantando... espero poder compartir los gnocchis la próxima vez.

miércoles, 27 de enero de 2016

Somos unos Gordos

Mis roommates y yo fuimos a uno de los restaurantes de hamburguesa más nombrados en Bogotá, ese es Gordo. Como entrada pedimos unos Jalapeño poppers que tienen queso cheddar y bacon. También pedimos unos macarrones con queso y unos chicken tenders con tempura de cerveza y salsa bbq. Las entradas no estuvieron como me las esperaba, la verdad tenía las expectativas muy altas dado que me habían hablado muy bien del restaurante pero las entradas no llegaron al nivel esperado. Los jalapeños no picaban, la tocineta no estaba crujiente y no le aportaba mucho sabor ni algo diferente como crocancia y el queso cheddar estaba como sap sap. Los chicken tenders estaban muy grasosos, buenos de sabor debido a la tempura de cerveza pero muchísima grasa. Finalmente los macarrones, se veían deliciosos, estaban cremosos y muy ricos pero les faltó algo, el queso no se estiraba, era más bien como un puré de queso, y a pesar de que el sabor era bueno, era un plato aburrido, plano y que no entretenía al paladar, solo calmaba las ganas. Me quedo con los macarrones con queso de Agadón. 

Como plato principal pedí una hamburguesa que viene con tomate, lechuga y cebolla encurtida. Adicionalmente pedí queso gruyere y jalapeños (que esta vez sí estaban picanticos). Además, pedí papas ya que estas no vienen con la hamburguesa, me fui por las papas gordo. Estas papitas estaban deliciosas, frescas y crujientes y de muy buen sabor ya que la páprika les daba un toque. A pesar de que en la carta decía que venían con alioli, esta salsa nunca llegó. La hamburguesa sí que es de las mejores de Bogotá y hasta ahora la mejor que me he comido. El pan era muy sabroso, artesanal y no se ponía blando a medida que uno se come la hamburguesa, cosa que pasa con las de El Corral. El queso, los jalapeños y la cebolla se sentían cada uno y estos le aportaban un sabor singular a la hamburguesa. La carne, aunque llegó un poco pasada del término pedido, estaba muy rica  y de sabor y suave. Creo que el queso gruyere hace que sea tan rica, este sabor la hace muy diferente a las demás porque le da una personalidad particular, al igual que ese pan tan rico que tienen. En general logran un excelente balance de sabores, todos los ingredientes que le ponen a la hamburguesa se sienten y no se ven opacado por algún producto en particular. 


Para cerrar pedimos unos postres para compartir, las fried oreos y un brookie que es un brownie con galleta de chips de chocolate, la verdad me pareció una pérdida de tiempo no me gustó ninguno de los dos y si vuelvo a Gordo, no perderé tiempo en entradas y postre. Para mí, uno va a comer hamburguesa con papas y cerveza.










miércoles, 2 de diciembre de 2015

Los malos detalles de Tábula

Tábula es un restaurante que queda en la macarena al lado de Donostia y Smokin Molly. El sitio es una espacio enorme lleno de mesas con buena luz y una carta muy colombiana. Para empezar pedí una lulada y Diego un Gin&Tonic. La lulada estaba deliciosa, el ácido estaba perfecto, tenía buenos trozos de lulo y en verdad una muy buena lulada. El cóctel de Diego lo sirvieron en la mesa y estaba bien también. La casa nos trajo una especie de tahini con pan como entrada. Al tahine le falta mucho para llamarse así, era más bien una pasta de garbanzos, si bien estaba simple no estaba feo. Para empezar pedimos un rabo de toro endiablado y unos capelletti de gallina criolla en salsa de queso paipa y almendras.


El ambiente del lugar no es nada especial, este restaurante es un lugar para ir a comer comida colombiana gourmet, con un giro muy interesante y prometedor, aquí lo más interesante es la carta. Algo que me encantó es que usan productos que generalmente no comemos y los vuelven súper llamativos y deliciosos, como ese plato de capellati de gallina del cual les hablaré. Llegó el rabo de toro, se veía delicioso y olía muy bien. En los primeros bocados sentí un toque perfecto de picante, una carne muy suave que se deshace en la boca debido a su cocción y un puré de papa muy sedoso, sin embargo, estaba saladísimo e imposible de comer, la boca se me secó por completo y devolvimos el plato. Lo cambiamos por unos chorizos artesanales con chimichurri de limones en salmuera.  

Luego nos llegaron los capelletti, con ese plato se reivindicaron hasta cierto punto. El plato estaba bien quesudo por fuera y por dentro de esa especie de ravioli había un guiso colombiano de un sabor impresionante y la gallina estaba muy rica! No obstante, otro mal detalle, en uno de los capelletti me salió un gordo con hueso y a mi parecer, eso en un restaurante de ese calibre es inaceptable. Ya me dio pena volver a devolver el plato y saqué el gordo con su hueso y me comí el resto. De sabor estaba increíble y la mezcla del queso con el cilantro, las almendras, la gallina y el guiso estaba fantástico. Cero e iban dos, los sabores buenos y prometedores pero me parece que no hay el trato que se merecen estos productos. Por otro lado, el servicio empezó muy amable y pasado de atentos, hay veces era un poco hostigante. Luego, se volvieron volados y nos olvidaron casi por completo. Pedí un pitillo que me trajeron después de pedirlo 2 veces y les importó cinco que el plato hubiera estado salado y el otro con gordo+hueso. Además, les pedí el favor de poderme quedar con una carta porque me encanta verlas y seguir antojándome, me la quitaron un momento para dársela a otro cliente y prometieron traerla de vuelta, nunca pasó. 

Bueno, tercer plato: el chorizo, se veía delicioso tenía muchas ganas de probarlo. No se veía tan artesanal como lo decía la carta y cuando me salió otro gordo, enorme, entendí el artesanal del cual hablaban. No sé si eso era lo que querían que yo pensara pero ahí estaba el tercer pésimo detalle, para mi gusto. El chorizo estaba muy bien condimentado, estaba sabroso, fuerte de sabor y era de verdad para compartir. El picadillo sí estaba fenomenal, me fascinó, y con el chorizo se mezclaban muy bien los sabores porque le bajaba el sabor gastritudo típico de un chorizo. A pesar del gordo, vale totalmente la pena. La verdad al sitio le hace mucha falta un buen administrador porque sumando detallitos perdieron muchos puntos. El restaurante no estaba lleno y en términos generales el servicio brilló por su ausencia. Hay una falta tremenda de administración, en mi opinión. 

Para terminar pedimos un carpaccio de muchacho ahumado, con mostaza de la casa y cama de vegetales. Cuando llegó el plato no vi los vegetales y cuando busqué bien, estaban debajo de la carne unas lajas finas de zuchinni y berenjena que a mi parecer no es que sea una cama de muchos vegetales sino una cama, pequeña, de zuchinni con berenjena. Pero bueno, el sabor impecable, definitivamente después del postre el mejor plato de la noche. El ahumado de la carne estaba sensacional, el frescor de los dos vegetales impresionante y el toque de la mostaza de la casa terminaba de hacer boom en la boca. La quemestesis que se sentía, gracias a la mostaza era muy interesante. El carpaccio, único en este mundo, delicioso, lleno de potencia y quizá uno de los mejores que he probado. Este sí era un plato perfecto a la altura de Tábula. 

Para finalizar un exquisito postre ultra wow y sencillo. Como ven en la foto no es lo más atractivo visualmente pero prueben eso y se vuelven adictos!! Esto es una trufa de chocolate colombiano. La textura era perfecta, lisa y suave. Sabor dulce y amargo ya que el chocolate era oscuro. El helado le baja un poco lo intenso y es totalmente un postre para compartir. Este plato es sencillo y justamente por eso brilla, es espectacular y un lujo poder comernos algo tan rico con chocolate de nuestra tierra. La mesa que teníamos al lado lo pidió antes de que nosotros empezáramos a comer y la estadounidense que estaba ahí le dijo a su amiga que era de los mejores postres de chocolate que había comido en la vida, estoy de acuerdo con ella. 
En conclusión, el lugar tiene un potencial enorme porque la idea de los platos es exageradamente buena. Si bien el concepto de los platos es bueno y tienen un potencial increíble, les falta meterle primera a la ejecución. Falta concentración en el servicio y la cocina. No lo recomiendo todavía porque esos detalles me desinflaron pero el día que arreglen estas cosas, Tábula será un restaurante que frecuentaré. 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Amores y desamores en Agadón

Agadón es un restaurante que causó muchos sentimientos encontrados. Me fui en plan chismes con un amigo del colegio, por lo cual hamburguesiar nunca falla. También tengo que admitir que últimamente ando en el modo de encontrar la mejor hamburguesa de Bogotá y Agadón era un must. Nos hicimos en la parte de adentro del restaurante, no sentamos y pedimos dos chapinero porter para empezar. El lugar tenía unos televisores con unos partidos de football de fondo y no había musiquita parchada y por primera vez en la vida me di cuenta de la importancia de la música. El ambiente se hacía soso y solo se escuchaba a la gente en sus cuentos. El caso es que pedimos unos macarrones con queso para empezar y decidimos compartir una ranch burguer y unas costillas, a recomendación de la mesera. La comida fue bastante rápida, los macarrones les digo que son los mejores que he probado en mi vida, la pasta estaba en su punto, me encantaron, el queso se estiraba, había un buen sabor a queso ya que usaban quesos ni muy fuertes ni muy suaves y no sabía a queso cheddar de tarro. Me encantan los quesos que usaron y el sabor que logran ya que solo quisiera volver por esos macarrones tan de locos.

Luego llegó la hamburguesa y las costillas, nos partimos todo a la mitad y probamos. Oigan que hamburguesa tan increíble. El pan estaba un poco blando para mi gusto, pero como para gustos los colores, a mi amigo le encantó. La combinación de sabores era increíble, el término y sazón de la carne también. Tenía queso mozzarella, tocineta ahumada, cebolla caramelizada, pimentones asados y salsa BBQ. Tenía un saborcito a carbón muy sutil pero que hace toda la diferencia, y la combinación de sabores hacen boom en la boca. Muy rica esta hamburguesa y creo que es de las top de Bogotá así como los macarrones. 


Aquí viene mi primer desamor. La recomendación de la mesera no me gustó. Las costillas estaban muy huesudas, el sabor era bien químico y en general me decepcionaron. La mesera dijo que la gente las pedía y las dejaba peladas de lo ricas y que había gente que solo iba por esas costillas. Yo llegué a la conclusión de que costilla pelada es un símbolo de tacañería, si la gente las deja peladas es porque tienen tan poca carne que toca pelarlas para tratar de quedar llenos. 

Comentarios generales: la hamburguesa la tienen que probar, las costillas no, los platos traen muchas papas que son delis, los platos son caros y las porciones son pequeñas; para los precios tan altos que tienen son bien tacaños. Pedí agua de la llave y me dijeron que es que las tuberías la la la y que no me daban agua de la llave (creo que era puro cuento). Ahí están mis desamores. 



Mis amores: obviamente los macarrones, la hamburguesa súper rica y una increíble malteada de frutos rojos. Oigan que delicia de malteada, fresca, no hostigante y bien sabrosa, fresca de textura y temperatura mejor imposible!! prueben eso también. Para terminar quiero resaltar algo muy importante del servicio. Al pagar la cuenta nos preguntaron que qué tal todo y dije que todo deli pero que las costillas estaban bien huesudas. Pues sin preguntar ni nada nos llegaron con un postre de cortesía y esos detalles hacen que esté completamente enamorada de este lugar. Me encantó el detalle y lo agradezco, ellos fueron súper atentos.

























miércoles, 18 de noviembre de 2015

Paraíso de mariscos

Central Cevichería es un lugar especializado en mariscos y es de otro mundo. Me encantó todo. Para empezar pedimos una sangría que estaba bien de sabor, fresca y frutal. Sin embargo creo que le faltó un poco de fuerza al vino porque estaba floja de alcohol. 

Como entradas pedimos 3 ceviches, dos de pescado y uno mixto, y un tiradito de pulpo en leche de tigre. Escogimos un ceviche picante al chipotle con tomate, limón, cebolla ocañera y aderezo picante de chile chipotle. El segundo ceviche era un poco más dulzón tenía leche de coco, cebolla ocañera en infusión de limonaria, jengibre y un toque de ají sriracha. El último era el ceviche a la parrilla con cebolla grillé, tomates cherry, papitas y aderezo de páprika. Para mí, el ganador fue el de coco, luego el grillado y por último el de chipotle, ojo no es que no sean ricos, todos estaban deliciosos pero había que ordenarlos. El de coco tenía un excelente balance entre el dulce y el ácido del limón, además había un toque de frescura que aportaba la hierbabuena. El ceviche con las papas fritas no era fresco, tenía una personalidad fuerte y los crujientes le quedaban muy bien, la salsa era bien neutra pero tenía un sabor exquisito. Por último, el ceviche picante. El picante no era exagerado, era en su punto, el ceviche tenía maíz, pescado fresco, ají amarillo y cilantro. En resumen, tenemos productos frescos y de excelente calidad, uno fresco, otro picante y otro crocante. 

El tiradito de pulpo si bien estaba muy rico, igualmente fresco y de la misma calidad, soy una personas que ama la mezcla de sabores y tener solo el sabor del pulpo con el aceite, el limón y pocos aderezos no me llama mucho la atención, por esto comí poco. Quiero resaltar que el pulpo no estaba cauchudo y si este plato les encanta, este es el lugar para comerlo.
Como plato fuerte pedí una "ensalada" marinada de mariscos parrillados, servido con papa salteada, cebolla roja con un aderezo de páprika y Diego pidió un salteado de mariscos en aceite de oliva, ajo, limón y cilantro con un arroz cremoso de coco. Ambos platos estaban sensacionales pero la supuesta ensalada fue la mejor. No crean que es una ensalada con lechugas y tal, al ver la foto se darán cuenta que eran puros mariscos (pero el sabor no era mariscoso), ¡y de sabor! es que tienen que pedirlo es asombroso. Los mariscos estaban cocinados en su punto y brillaron con su propio sabor, no se opacaron con salsas. Curioso que yo, que amo las salsas, como ya lo dije, haya preferido este plato. La respuesta es sencilla, los mariscos supieron brillar con luz propia, la forma en la cual los prepararon los hicieron de los mejores que he probado y solo por eso lo nombro como mejor plato de la noche. Los tomates estaban deliciosos, jugosos y no estaban crudos. 


 Para terminar, quiero decirles que el manejo de los productos en este lugar es de primera calidad al igual que la calidad de los mariscos. Creo que es de los mejores sitios en Bogotá para comer comida de mar y los sabores aunque son muy puros tienen giros que no se pueden descifrar y que son asombrosos.




miércoles, 11 de noviembre de 2015

Burguer Kill


 Fuimos al Burguer Kill de la 14 con 85. El sitio es pequeño y con gran personalidad. Fuimos a la caja a pedir nuestras hamburguesas. Había gran oferta, sin embargo ese día se les había agotado todo el surtido de panes y me quedé con las ganas de probar el pan pimienta. Así, yo pedí una hamburguesa Big Kill (220 gramos) de tocineta y parmesano en pan tradicional. Si quieren una hamburguesa menos grande pueden pedir una de 180 gramos; era la primera vez que iba a probar una hamburguesa rellena. Para un restaurante de comida rápida es curioso que uno pida su orden en la caja y la mesera lleve a la mesa la comida, eso me gustó mucho. 


 Las mesas estaban limpias, tenían unos manteles plásticos de cuadritos y salsas Heinz. El lugar es particular, tiene buena música y una decoración entretenida. Este sitio es lleno de luces, latas antiguas de salsa Heinz, detalles por todas partes. Era chevere porque al esperar la hamburguesa no se hacía aburrido. En las rejas había muchas luces azules con vacas de plástico, en el techo luces de muchos colores con latas Heinz, en una pared había cuadros chistosos, en la entrada al baño había unos muñecos de juguete, etc. Al principio nos sentamos en una mesa justo al lado del parlante y nos tocó cambiarnos porque era bastante molesto, si van, tienen que saber que hay 2 mesas que son las mal ubicadas: las del parlante, no se sienten en esas.

Cuando llegó la comida no supe cómo empezar a comérmela, era enorme y olía bien. La carne estaba muy rica, bien sazonada y me recordaba a la carne que vender en Koller para hacer hamburguesas. Tuve un problema y es que creo que estaba mal armada porque se desbarató y fue aun más difícil comérsela, aun así, valió la pena. En el centro me encontré con una tocineta crujiente y un parmesano muy gustoso, después de unos bocados se siente la mezcla de la carne, la tocineta y el queso; es sensacional. Si bien la hamburguesa es deliciosa y jugosa hay algo que le falta y yo no sé qué es, le falta algo especial que la vuelva increíble y solo por eso me quedo con la hamburguesa de la Xarcutería. 
El relleno de tocineta con queso


Aquí les dejo el menú del lugar, vayan que la hamburguesa vale la pena probarla es muy rica y volveré a probar los otros rellenos y los otros panes.